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Habilidades directivas: cómo llegar y mantenerse
Un buen líder, ¿nace o se hace? A juzgar por la opinión del profesor Óscar Esteban Sánchez, director del MBA Executive de IEDE Business School, una combinación de ambos factores. Este experto asegura que la dirección de equipos ha sufrido una gran transformación en los últimos años, paralela al cambio de las tendencias sociales. “Este es uno de los aspectos que tiene que estar en constante revisión”, sostiene.
La lista de aptitudes que debe tener un buen dirigente puede parecer interminable y, sin embargo, “los futuros líderes ya están aquí”, asegura Esteban Sánchez. “Son personas por encima de todo, con una clara visión global, cuyo terreno de juego es cotidianamente internacional, capaces de forjar equipos de alto rendimiento. Tienen un don especial para conseguir buenos equipos: un liderazgo ejemplarizante con el que consiguen la retención y atracción del talento”, añade.
Si hay algo claro es que para un buen funcionamiento de equipos, la estructura vertical, con una relación de sumisión jefe-subordinado está más que obsoleta: “los nuevos directivos deben de ser capaces de equilibrar y de desenvolverse adecuadamente sobre los tres ejes de las relaciones empresariales: hacia arriba (jerarquía), hacia abajo (colaboradores) y hacia los lados (personas de su mismo nivel de responsabilidad)”, dice este experto.
Así, define un buen líder como “magnético, atrayente, atractivo; capaz de arrastrar y aunar voluntades, ejemplarizante en todas sus actuaciones, diariamente, sin perder por ello su dimensión humana. Debe tener una alta capacidad de escucha y un alto nivel de empatía, además de poder de delegación y conferir un alto nivel de autonomía a sus equipos. También es importante que sepa provocar una sonrisa en los demás, fundamentalmente en los colaboradores; el mejor antídoto para muchos de los manidos males del trabajo está en el sentido del humor”.
Un dirigente debe de ser magnético, atrayente, ejemplarizante en todas sus actuaciones y capaz de retener y atraer talento.
Por su parte, el ex-baloncestista Juan Manuel López Iturriaga, actual gerente de la empresa ‘Makeateam’, que se dedica a formar sobre lo que se debe y no hacer en un equipo, tomando como base el deporte, añade que para reforzar al equipo un buen dirigente debe ser “capaz de aglutinar voluntades, coherente entre lo que dice y lo que hace, generador de confianza, no acaparador de los éxitos y saber soportar la presión”.
Es un campo de juego figurativo lo que utiliza Juan Manuel López Iturriaga para exponer las nuevas estrategias empresariales. “El deporte da un ejemplo claro de lo que se debe de hacer para que un grupo de personas sea un equipo”, asegura, ya que tanto en el deporte como en la empresa “al final estamos hablando de aglutinar las habilidades y las voluntades de una serie de personas en busca de un objetivo común. Que el objetivo sea meter un gol o convencer a un cliente no resulta una diferencia sustancial, la materia prima principal con la que contamos es la misma, las personas, así como la búsqueda de los procesos más eficaces.
Prisioneros de nuestros hechos
A la descripción del líder perfecto hay que añadirle un comportamiento ejemplar. “No todo vale en la gestión empresarial. Todos somos prisioneros de nuestros hechos. El perímetro de actuación en los negocios debe estar marcado por un comportamiento ético, de la mano de la importancia creciente de la responsabilidad social corporativa. La gestión excelente, muy distinta de los resultados a corto plazo, no puede conseguirse ni resulta válida a cualquier precio. Ejemplos recientes tanto en nuestra historia económica nacional como internacional se ocupan de recordárnoslo todos los días”, sostiene el profesor de IEDE Business School.
Para López Iturriaga el juego sucio existe tanto en el mundo del deporte como en el empresarial, “pero también el juego limpio”, recuerda. “Cada equipo debe elegir los valores sobre los que quiere sustentar su edificio. Hay muchos, aunque algunos son universales”. Preguntado sobre un ejemplo de liderazgo a seguir, apunta, sin duda, a Pep Guardiola, el entrenador del Barça. “Se trata de un liderazgo poco ruidoso, muy colaborador y coherente. Ahora mismo, la Selección española de fútbol y de baloncesto son claros modelos de cómo trabajar bien en equipo, por los valores humanos que poseen de colectividad, constancia y esfuerzo”, dice López Iturriaga, quien explica cómo el crecimiento individual lleva a la evolución del equipo y viceversa. “El ejemplo de Messi es revelador. En el Barça es el mejor jugador del mundo, sin embargo, en Argentina resulta irreconocible. Y es el mismo Messi”.
Olfato empresarial
En opinión de Oscar Esteban Sánchez, al magnetismo personal debe sumarse un claro olfato empresarial, “un instinto con el que fundamentalmente se nace; un don para identificar nichos, productos/servicios o mercados vírgenes. No obstante, -aclara-como ocurre con otras facetas, se puede trabajar para que la persona fomente esas aptitudes, y nada mejor para ello que una escuela de negocios, en donde el fin último consiste en formar líderes, gestores y emprendedores”.
¿Cómo se puede conseguir esto? Sin duda, las distintas áreas de un MBA orientan y ayudan a la identificación de sectores de actividad en general y negocios en particular. Para ello, señala el profesor Esteban Sánchez, “como parte de los estudios, en los MBA los alumnos deben identificar las claves competitivas de un binomio empresa-sector, entendiendo y caracterizando el entorno y las fortalezas y debilidades de la empresa en cuestión, lo que constituye una magnífica práctica de aprendizaje para la valoración de nuevos negocios".
El deporte da un ejemplo claro de lo que se debe de hacer para que un grupo de personas sea un equipo
En pocas palabras, Juan Manuel López Iturriaga concluye que las estrategias en la cancha y en las oficinas se basan en “una buena evaluación de ventajas y desventajas, virtudes y defectos, tanto propios como ajenos. Todas nuestras decisiones tienden a aprovecharse de lo bueno e intentar minimizar lo malo. Apoyarnos en lo que nos hace mejores que el resto y ocultar lo que nos hace más débiles en la competencia. Si en algo no tenemos rival, hagamos que el juego se desarrolle en esos escenarios”.

